Civilización contra barbarie

La oreja negra del fascismo se asoma. La virtud occidental cada vez más revela su doble cara: defiende la democracia representativa sustentada en el dinero de los poderosos, y alienta el golpe de estado si el dinero no puede comprar o desorientar a las masas; condena la bomba asesina situada en un lugar público de la ciudad y lanza la bomba ¿humanitaria? sobre la población civil enemiga. Enrique Ubieta Gómez La Habana
Los que preparan la guerra hablan en nombre de la civilización. Los que serán invadidos, ¿son bárbaros? Bárbaros, porque no ceden su petróleo a la nueva y civilizada Roma. Bárbaros, es decir, no nacidos en Roma. José Martí denunciaba en 1884 “el pretexto de que unos ambiciosos que saben latín tienen derecho natural de robar su tierra a unos africanos que hablan árabe; el pretexto de que la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea”. ¿Civilización contra barbarie? Alguna vez llegó la espada y el arcabuz a América y el hombre blanco se declaró superior al indígena y al negro. Para expropiarlo, para esclavizarlo, elaboró la teoría de las razas humanas. Después contrapuso la sabiduría greco-latina al hombre natural (al sojuzgado iletrado, heredero de otras sabidurías). Martí escribió: “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”. Bárbara civilización aquella que necesita sojuzgar a otros pueblos para sobrevivir, que se alimenta del odio y de la guerra. “¡Guerras horribles, las guerras de avaros!”, exclamaba Martí. También dijo: “Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”. Tajante, rectificó: “No hay odio de razas, porque no hay razas”. En las décadas finales del siglo XX, la maquinaria propagandística del nuevo imperio produjo centenares de artículos, reportajes, libros, películas documentales y de ficción que presentaban una imagen distorsionada del pueblo árabe, fatalmente dueño de tierras santas (por el petróleo de su subsuelo), y Samuel Huntington, un avezado ideólogo orgánico, expuso su teoría justificadora: al cesar la guerra fría, se impondría el conflicto entre civilizaciones. La teoría discriminatoria se hacía más sutil: los ideólogos del Descubrimiento, como Sepúlveda, desconocían la humanidad de los primeros habitantes de América, con lo cual se liberaba a los conquistadores de molestos insomnios de conciencia. Huntington, ahora, dictaminaba el inevitable enfrentamiento de los más civilizados con los menos civilizados. El argumento no era nuevo del todo; a la “barbarie” comunista del Este, se opuso en su momento la “virtud” occidental. Los llamados valores occidentales se han enarbolado siempre para impugnar a los pueblos rebeldes, es decir, bárbaros. Y los valores occidentales eran (son) naturalmente los del capitalismo contemporáneo, blanco y preferiblemente anglosajón. El famoso Museo de Ciencias Naturales de Washington es explícito: hay secciones para diferentes “civilizaciones” humanas (vinculadas a las diferentes zonas étnicas del planeta) que permanecen extrañamente estáticas en el tiempo. El pabellón central, sin embargo, muestra la evolución del homo sapiens, desde las cavernas hasta las derribadas Torres Gemelas. Los sabios antropólogos del imperio parecen olvidar que el homo sapiens del cual todos descendemos, es africano. Al conmemorarse un año del atentado a las Torres Gemelas, El Nuevo Herald publicó algunos artículos de autores latinoamericanos. Ya se sabe de qué autores. Casi todos repiten los habituales insultos al Corán y a la cultura árabe. Se olvidan de que alguna vez padecieron iguales postergaciones. Son falsos eruditos. Plinio Apuleyo elogia el libro de su colega italiana Oriana Fallaci, unánimemente rechazado en Europa por las mentes sanas: “¿A qué se debe tanta furia? –dice Apuleyo– A un hecho muy simple: desconociendo el tabú políticamente correcto) según el cual todas las culturas deben ser respetadas en función de sus propios valores, la Fallaci hace un atrevido amalgama entre terrorismo y el Islam”. La oreja negra del fascismo se asoma. La virtud occidental cada vez más revela su doble cara: defiende la democracia representativa sustentada en el dinero de los poderosos, y alienta el golpe de estado si el dinero no puede comprar o desorientar a las masas; condena la bomba asesina situada en un lugar público de la ciudad y lanza la bomba ¿humanitaria? sobre la población civil enemiga. Dice con concebible cinismo: haz lo que yo digo y no lo que yo hago. A veces, los más ingenuos (quizás honestos) ideólogos del imperio se sorprenden: ¿cómo explicar el abierto empleo de la tortura contra los prisioneros afganos de guerra en las cárceles norteamericanas? o existen conflictos antagónicos de culturas. Los únicos que nunca podrán conciliarse son los conflictos que desata la codicia, los que Marx denominara como conflictos de clase. Los médicos cubanos que han trabajado gratuitamente en más de cincuenta países del mundo saben que las diferencias culturales no son infranqueables. Que los pueblos musulmanes, cristianos, mayas, guaraníes, yorubas, necesitan más médicos, más alimentos y no más violencia. Rechazo la idea de que es posible imponer por el terror de las armas la paz del acatamiento, de la subordinación. ¿Puede construirse una paz que no mitigue el hambre, que no respete la dignidad humana, el derecho a la tierra en que se nació? “Sobre cimientos de cadáveres recientes y de ruinas humeantes no se levantan edificios de cordialidad y de paz. No la invoquen los que la hollaron” —escribió Martí. Existe, sí, un conflicto irreconciliable entre la civilización y la barbarie: la humanidad tiene que vencer a los bárbaros que hablan hoy en nombre de la civilización, para imponer sus intereses personales y de clase. Sin embargo, estos bárbaros nacieron en la nueva Roma.

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