Wednesday, November 15, 2006

Cinco hombres contra el terrorismo


¿Qué tanto se puede confiar en un país donde no hay cabida para la justicia?
Estados Unidos ha demostrado ser ese lugar en el que los poderosos pueden burlar las leyes sin temor a las repercusiones, y todo aquel que se oponga a ese poderío siente en carne propia cómo se mancilla el derecho de los hombres en la llamada nación de la libertad. Cuba, desde que tomó la determinación de construir sola su porvenir y tomar por sí misma sus decisiones en todos los ámbitos, ha tenido que enfrentar la ira de un imperio que no se conforma con haberla perdido. La prepotencia, y las ansias de venganza de aquellos que mediante la explotación del pueblo enriquecieron sus arcas, han derivado en una constante agresión no solo al gobierno, sino al pueblo de la Isla que ha sufrido la pérdida de más de 3000 de sus hijos. La Casa Blanca no ha hecho nada para evitar estos ataques, sino que las ha alentado e incluso pagado para que otros los ejecutaran. El Crimen de Barbados es un monstruoso ejemplo. Ante estas acciones los cubanos no hemos permanecido impasibles. Muchos han sido los que desde el triunfo se han ofrecido para, desde las entrañas de la nación norteña, desbaratar o proporcionar las claves para destruir los planes contra nuestro país. Son hombres que se ven obligados a dejar sus familias y amigos para poder brindarles la seguridad. Algunos han perdido la vida por salvar la de muchos. Cinco hombres son ahora el centro de esa lucha de más de cuarenta años. A Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Fernando González, cuya única violación ha sido tratar de defender a su pueblo; se les acusa de crímenes que jamás cometieron, se les juzga en un lugar donde es sabido por todos que no existe la imparcialidad necesaria, se les niega el derecho a una legítima defensa, recibieron condenas jamás vistas en la historia estadounidense y tienen además que soportar en prisión la violación de sus más elementales derechos humanos. La nación de la libertad, hoy la nación que supuestamente lucha contra el terrorismo, no puede ver la diferencia entre héroes y criminales. No quieren verla. No les conviene verla. Posada Carriles no puede ser llevado jamás a juicio, porque quién sabe qué cosas diría de los señores poderosos que cada día arrojan más lodo sobre la patria de Lincoln. Solo el clamor del mundo puede hacer que se rompan las rejas de una prisión injusta para que de ellas salga la luz que ha sido encerrada. Solo el clamor de los hombres del mundo, puede hacer que paguen aquellos que deben hacerlo, para que cesen crímenes dolorosos e indignantes como el de Barbados.

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